La arquitectura, como todas las artes, nos hace conscientes de nuestra soledad fundamental, al tiempo que nos separa del presente y nos permite experimentar el firme y lento flujo del tiempo. Los edificios y las ciudades nos permiten comprender y apreciar el transcurso de la historia.

De SantÉlia a Le Corbusier la arquitectura ha buscado en la luz el mecanismo para superar el concepto clásico de espacio. Y la luz ha generado sombras sin las cuales sería imposible concebir arquitecturas visionarias como las de Boullée (cenotafio para un guerrero). Tanto en arquitectura como en filosofía, desde los años sesenta del pasado siglo el sujeto ha experimentado un giro explicitamente antihumanista y en la deconstrucción de la tradición humanista, podemos ver que la relación entre visibilidad y poder se altera a favor de la transparencia, mostrar la verdad de lo que hay.

Alteraciones a una casa suburbana (1978) es el título de una propuesta nunca construída de Dan Graham. La fachada delantera se sustituye por un gran vidrio y en su crujía intermedia se coloca un espejo contínuo. Durante el día, la casa se hace espejo, opacidad pura, carece de interior, su exterior es prestado. Durante el día es una casa- ciudad en la que el espectador pasa a formar parte de esa privacidad destruyéndola, incorporando a la escena doméstica a través del espejo, los límites entre lo privado y lo público. Lo que era privado pasa a ser expuesto.

De noche en cambio, el cristal se hace transparencia limpia, y es el exterior el que desaparece. La casa es toda ella interior iluminado. Sin embargo esto no hace sino acusar la disociación que el sujeto experimenta viviendo de dos formas intensamente diferenciadas.
