Lector en lo oscuro: Idea de la claridad
Martes, Diciembre 22nd, 2009La arquitectura tiene el privilegio y la responsabilidad de acompañar a la luz en su último trayecto. En ese preciso instante la luz deviene oscuridad.

La arquitectura tiene el privilegio y la responsabilidad de acompañar a la luz en su último trayecto. En ese preciso instante la luz deviene oscuridad.

“Gide leía a Bosuet mientras bajaba por el Congo”
A alguien del mundo de las letras le preguntó la periodista rubia cuyo cuerpo era una gracia, qué libros se llevaría a una isla desierta.
Jamás el hombre de letras le contestó que sólo con ella se iría a una isla a la cual previamente habría desertizado; que con ella y sólo con ella, viajaría al fin del mundo si fuera preciso.
Hay otras vidas en la literatura, dicen, pero eso es un mito, la leyenda que no se lee.
Ojalá la mujer de letras sea distinta.
Melancolía
….. sentimiento acerbo que abre la sedosa indiferencia por donde deambulan sombras gemelas que se refejan en los lívidos y azulados recuerdos
Envolvente de cómplices impulsos por donde se escapan lentamente los deseos de una quimera hasta desaparecer por un instante
Recurrente con la puntualidad de lo inevitable cita con los propios fantasmas en un abrazo inverosímil.
Posiblemente, éste sea el libro que más veces haya leído en mi vida (su brevedad ayuda). Pero a la vez, es un libro que identifico con una de las mejores maneras de ser artista que conozco, la del que confía en la providencia y en los encuentros afortunados, como felizmente le ocurre al pobre Andreas en los que serán, sin que él lo sepa, los últimos días de su vida. Días en los que la casualidad, la fortuna y el milagro en cada uno de los encuentros, lo salva de la zozobra en la que habitualmente se halla. Creo que con los años, pintar es algo parecido a eso, zozobrar constantemente frente al cuadro y dejarse en manos de la providencia, que para el pintor existe y siempre acude al taller, en su ayuda.

¿Te pasabas el día leyendo?
No. Me gustaba más que mi madre me contara películas. Me gustaba leer en la cama, por las noches, y en las horas de la siesta, en verano, cuando teníamos que estar callados. Leía sobre todo novelas: de aventureros, viajeros, piratas, detectives y monstruos. Siempre me ha gustado mezclar unos libros con otros. Me gustó mucho El jorobado, de Paul Fèval: fué un descubrimiento. Me lo regaló mi amigo Mariano Hernández. Justo Navarro. Oppi. Planeta. Booket. Barcelona 1998.

En 2003 un joven aspirante a diplomático (”Relaciones Internacionales”) leía en el lejano Stanford, el comentario final a la Dialéctica de la Ilustración de Max Horkheimer y TW Adorno publicada en 1947 en Amsterdam.
(continuará)
Y se aplicó a sí mismo esta especie de exhortación. Como nadie lo había iniciado en la filosofía europea se sintió un descubridor. Se propuso en primer lugar familiarizarse con el libro creando un contrasimil para cada simil que contuviera la Dialéctica algo imprescindible en el mundo del espejo en que vivimos. Si no se puede desarrollar un polo opuesto la proposición no deja de ser trivial.
La encuesta es de una sola pregunta
- ¿ Qué libro has dejado de leer últimamente?

Casi fué imperceptible su roce sobre los cristales de mi ventana, esto bastó para que pensara que se trataba de una llamada, en ese momento dulce quise que fueras tú… abrí la puerta.


Volvió confuso. Tocado, más convencido de ser un sobreviviente a la cosa insoportable que de nuevo necesita la marea. Vino ya después de cruzar la puerta de los ensueños. Algunas noches nos contaba alguna truculencia de entonces, todo por escandalizarme, suponía yo. Una tarde, no obstante, mientras paseábamos los dos por la ribera de Erandio, me enseñó el barco y me enseñó las pruebas de lo tremendo y lo ví, escrito en la suciedad del casco estaba, que hasta se había quedado corto en mi miedo por él.

La tradición de todas las generaciones desaparecidas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos precisamente cuando éstos parecen trabajar para transformarse a sí mismos y a las cosas, para crear lo que no ha existido nunca; en tales épocas de crisis revolucionaria se evocan angustiosamente los espíritus del pasado para ponerlos a su servicio; se toman prestados sus nombres, sus consignas, sus costumbres, para representar con este viejo disfraz y con este parlamento tomado en préstamo la nueva escena de la historia.

Karl Marx: El 18 Brumario de Luis Bonaparte
Todo lo sólido se desvanece en el aire.
La experiencia de la Modernidad. Marshall Berman. Siglo XXI. 1988. Madrid. Si todo lo sólido se desvaneciera en el aire por culpa nuestra, al menos podríamos andar en línea recta; y no es porque me guste lo recto.
Mi pereza crónica me impide unas líneas más, dejo a tu elección el hacer ficha o no. (pero tenía que mandarte las gafas). Un abrazo muy fuerte.
