Casi fué imperceptible su roce sobre los cristales de mi ventana, esto bastó para que pensara que se trataba de una llamada, en ese momento dulce quise que fueras tú… abrí la puerta.

Casi fué imperceptible su roce sobre los cristales de mi ventana, esto bastó para que pensara que se trataba de una llamada, en ese momento dulce quise que fueras tú… abrí la puerta.


Volvió confuso. Tocado, más convencido de ser un sobreviviente a la cosa insoportable que de nuevo necesita la marea. Vino ya después de cruzar la puerta de los ensueños. Algunas noches nos contaba alguna truculencia de entonces, todo por escandalizarme, suponía yo. Una tarde, no obstante, mientras paseábamos los dos por la ribera de Erandio, me enseñó el barco y me enseñó las pruebas de lo tremendo y lo ví, escrito en la suciedad del casco estaba, que hasta se había quedado corto en mi miedo por él.

La tradición de todas las generaciones desaparecidas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos precisamente cuando éstos parecen trabajar para transformarse a sí mismos y a las cosas, para crear lo que no ha existido nunca; en tales épocas de crisis revolucionaria se evocan angustiosamente los espíritus del pasado para ponerlos a su servicio; se toman prestados sus nombres, sus consignas, sus costumbres, para representar con este viejo disfraz y con este parlamento tomado en préstamo la nueva escena de la historia.

Karl Marx: El 18 Brumario de Luis Bonaparte
Todo lo sólido se desvanece en el aire.
La experiencia de la Modernidad. Marshall Berman. Siglo XXI. 1988. Madrid. Si todo lo sólido se desvaneciera en el aire por culpa nuestra, al menos podríamos andar en línea recta; y no es porque me guste lo recto.
Mi pereza crónica me impide unas líneas más, dejo a tu elección el hacer ficha o no. (pero tenía que mandarte las gafas). Un abrazo muy fuerte.

El placer en la experiencia del «otro», que con el pasar de los años irremediablemente se convierte en uno mismo. Después la redención, inalcanzable, una vida no es suficiente para purgar el atrevimiento de pedir, de tocar la verdad.


» La forma de un objeto debe ser tolerable el tiempo que dure físicamente» una teoría «completa» contra el envejecimiento. La forma, la exterioridad como esencia final de las cosas… una rosa es una rosa, una rosa, una rosa. Gertrude Stein y Mecano. Herederos del método que nos permite esclarecer el modelo, e igualmente impelidos a transgredirlo para su necesaria revitalización. En Adolf Loos es su máxima «Ornamento y Delito» la que puede leerse en clave tan dadaísta como singular es el gesto de apropiación por su parte de las cualidades del mármol verde profusamente veteado empleado en los elementos sustentantes de las columnas de su casa en Michaelerplatz, casa, a partir de la cual se determina y elabora el espacio urbano contemporáneo que ha ido modelando la fisonomía de la ciudad. En este caso Viena.

Me gusta Duras, si propuse mujeres, fue sobre todo, porque hay mucha ausencia de ellas en el listado. Como en todo. No es que yo sea radical en ese debate, soy aburrida de atenderlo, porque siento su culpa en la elección. Bueno, pues a pesar de ello, he releído El arrebato de Lol V Stein estos días, entre el sueño, el ensueño y el insomnio. Quiero decir que de pronto me despierto en mitad de la noche, leo unas páginas del libro y sí, si que me asomo a un universo de mujeres levemente enfermo. La imagen de sí con que el otro la viste, le fué robada…
|
Despacio, muy despacio, como trabajan los taxidermistas. Wovon man nicht sprechen kann darüber mub man schweigen. O, de lo que no se puede hablar hay que callar. Despacio, muy despacio, el taxidermista termina su animal muerto que, no obstante, podría ser un animal vivo que se hubiese detenido un instante. Sólo un instante. |
Me entusiasma la tristeza de Walter Benjamin en las fotografías. No son fotos tristes, él es triste. Parece como si, de repente, descubriera que le han descubierto y ello le asustara, le entristeciera terriblemente. Algo que sólo sucederá mucho después, en Pot Bou, pero que está presente en todas y cada una de las fotografías que conozco de Benjamin, o el militante de sí mismo. Nadie que amase la errancia tanto como él, erró menos. Bendita polisemia tras los números de las casas. Habrá que esperar hasta George Perec.
Mi padre era una gran aficionado a la lectura. Sus largas temporadas embarcado sin demasiado que hacer, le obligaban a buscar refugio en los libros. Tras su muerte, a la misma edad que yo tengo ahora y a mis quince años de entonces, buscaba en su bilbioteca algo para leer cuando dos libros llamaron mi atención. Uno de ellos era «César o Nada» de Pio Baroja y el otro «Nunca llegarás a nada» de Juan Benet. Por alguna razón que se me escapaba y se me escapa sentí que ambos libros estaban de algún modo unidos a mi destino. Leí ávidamente el de Baroja, la ambición y los principios y guardé el de Benet.
Hoy pasados treinta años vuelvo a tener en mis manos este libro que siempre mantuve junto a mi y nunca leí. Observo su tapa roja, la tipografía del título, el autor, la editorial -Alianza Editorial- Lo volteo y leo una vez más la información sobre el escritor, sobre su obra, sobre este libro en particular, compruebo que tiene todavía marcado el precio -50 pesetas-. Sin conseguir abrirlo lo devuelvo a su lugar en la biblioteca y pienso en que los libros encierran secretos que a veces merece la pena que no sean desvelados.

Casi fué imperceptible su roce sobre los cristales de mi ventana, esto bastó para que pensara que se trataba de una llamada, en ese momento dulce quise que fueras tú… abrí la puerta.
Volvió confuso. Tocado, más convencido de ser un sobreviviente a la cosa insoportable que de nuevo necesita la marea. Vino ya después de cruzar la puerta de los ensueños. Algunas noches nos contaba alguna truculencia de entonces, todo por escandalizarme, suponía yo. Una tarde, no obstante, mientras paseábamos los dos
La tradición de todas las generaciones desaparecidas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos precisamente cuando éstos parecen trabajar para transformarse a sí mismos y a las cosas, para crear lo que no ha existido nunca; en tales épocas de crisis revolucionaria se evocan angustiosamente los espíritus del
Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la Modernidad. Marshall Berman. Siglo XXI. 1988. Madrid. Si todo lo sólido se desvaneciera en el aire por culpa nuestra, al menos podríamos andar en línea recta; y no es porque me guste lo recto. Mi pereza crónica me
El placer en la experiencia del «otro», que con el pasar de los años irremediablemente se convierte en uno mismo. Después la redención, inalcanzable, una vida no es suficiente para purgar el atrevimiento de pedir, de tocar la verdad.
» La forma de un objeto debe ser tolerable el tiempo que dure físicamente» una teoría «completa» contra el envejecimiento. La forma, la exterioridad como esencia final de las cosas… una rosa es una rosa, una rosa, una rosa. Gertrude Stein y Mecano. Herederos del método que nos permite esclarecer
Me gusta Duras, si propuse mujeres, fue sobre todo, porque hay mucha ausencia de ellas en el listado. Como en todo. No es que yo sea radical en ese debate, soy aburrida de atenderlo, porque siento su culpa en la elección. Bueno, pues a pesar de ello, he releído El
Despacio, muy despacio, como trabajan los taxidermistas. Wovon man nicht sprechen kann darüber mub man schweigen. O, de lo que no se puede hablar hay que callar. Despacio, muy despacio, el taxidermista termina su animal muerto que, no obstante, podría ser un animal vivo que se hubiese detenido un
Me entusiasma la tristeza de Walter Benjamin en las fotografías. No son fotos tristes, él es triste. Parece como si, de repente, descubriera que le han descubierto y ello le asustara, le entristeciera terriblemente. Algo que sólo sucederá mucho después, en Pot Bou, pero que está presente en todas y
Mi padre era una gran aficionado a la lectura. Sus largas temporadas embarcado sin demasiado que hacer, le obligaban a buscar refugio en los libros. Tras su muerte, a la misma edad que yo tengo ahora y a mis quince años de entonces, buscaba en su bilbioteca algo para leer
© Imatra Bilbao