Fausto
Viernes, Septiembre 25th, 2009

Del Paraiso nos queda todavía el amor, nuestras risas y la vida.
Acaso porque la naturaleza de la utopía es la carencia de un lugar concreto encontramos el origen funcional y moral del primitivo alojamiento del hombre en un suelo grávido presidido por un hogar sobre una base pétrea. Una estructura de carpintería sustenta un liviano techo que se articula tectónicamente con los muros de origen textil. Así podríamos definir la Caribbean Hut, con que Gottfried Semper anticipó la arquitectura moderna.
Cuando Alvar Aalto en su análisis pictórico de La Anunciación de Fray Angélico nos habla del acceso a una habitación, reconoce la esencia verbal de la experiencia arquitectónica cuya autenticidad se basa en el lenguaje tectónico (pictórico) del edificio.
Sentimos placer y protección cuando el cuerpo descubre sus resonancias en el espacio. Cuando experimentamos una estructura establecemos inconscientemente una analogía con huesos y músculos. La comprensión de la escala implica el inconsciente dimensionamiento de un objeto o un edificio con el propio cuerpo.

Algunas Casas de la Modernidad.

Podríamos definir al Panteón de Roma como una máquina perfecta que representa el universo. No existe obra arquitectónica que iguale al Panteón de Roma. En el otro extremo temporal y por tanto significativo y constructivo la Casa Farnsworth de Mies representa un cenit donde poesía y razón han acertado a encontrarse en uno de sus respectivos momentos máximos.

Emblema de modernidad, manifiesto tecnológico, propuesta de otra forma de vivir, es a través de la yuxtaposición de materialidad y vacío que para cerrar sus domésticos 627 m3 sólo requiere 6,1 Tm. y para cubrirlos 38,2 Tm.
Separado el espacio interior que la contiene, por una piel de vidrio transparente que delimita su relación con lo externo, parte de un conceptismo progresivo y militante que concluye en la nada física real.

Su existencia sólo es posible en función de su opuesto, al que niega y a la vez afirma.
Un fuego lo invadía todo. Penetraba hasta el mismo corazón nuestro y el de la naturaleza que nos rodeaba… y, todo espontáneamente se inflamó.

Lo fácil es representar la casa con una maqueta, pero incluso una maqueta de una casa real o imaginaria, no puede más que presentarse como trampa, esbozos muy torpes, deudores de la experiencia de otros, otras casas de Mies o Aalto o antes Asplund y el cine Skandia con la idea de techo como cielo, una casa…. no otra cosa que un reflejo metafísico del cosmos como inmunidad omnienvolvente, un lujo que sólo los más pobres se pueden permitir.

Hibridando poéticas y continentes el fantasma de Lenz recorre el mundo desde hace casi doscientos años, haciendo posible que soñemos la casa que aún no tenemos y que pensando en Larrea bien pudiera empezar en el Perú cobrizo del rostro de Vallejo, puerta que inevitablemente abre la casa del fantasma. Casa nuestra. Casa de Alvaro Siza. El elemento principal de la casa es el tejado y después la chimenea. Dentro somos independientes o casi. Estamos protegidos de la ciudad y del mundo entero. Los que pueden utilizan tranquilamente Internet.
La casa tiene ventanas: es preciso respirar hasta cuando el aire está contaminado. Es bueno ir a la ventana. Se ve la calle, la vecina sale y cierra la puerta, pasa gente y motos y animales y automóviles, trenes coches y aviones, del aire llega el ruido de un avión, pasa una gaviota. No estamos solos, felizmente no estamos solos, el cartero llama a la puerta, llega el periódico.
El sol entra por la ventana y pinta la pared de enfrente, la lluvia golpea los vidrios, sopla el viento. Sabemos que la calle va por ahí fuera, se ramifica y sale de la ciudad, une el norte, el sur, el este y el oeste a todos los espacios intermedios, teje una manta sin principio ni fin porque se tuerce, incluso al cruzar el mar (con gran dispendio y dificultad). La aventura apetece.

De la casa y lo doméstico, tan integrados ambos en nuestra propia identidad personal, a la ciudad que nos permite estructurar rememorar y comprender el flujo informe de la realidad, la misión intemporal de la arquitectura es la de crear metáforas de existencia corpórea que concreten y estructuren la presencia del hombre en el mundo. La materialización de la arquitectura nos sitúa en el continuum de la cultura. Toda experiencia de mundo implica clasificación, memorización y comparación para poder entender la ciudad como metáfora cambiante, siempre mostrando en la consciencia de su precariedad la posibilidad de una interpretación que desde el ejercicio del poder privilegia unos relatos sobre otros. Desde la experiencia subjetiva a circunstancias histórico-políticas más complejas, la memoria desempeña un papel esencial como base para la rememoración de un espacio, por esa razón en las experiencias arquitéctonicas memorables, el espacio, la materia y el tiempo se funden en una única dimensión.

La pobre reina, tampoco en la casa de poe, tiene mucha presencia. Su carta, seguramente de asunto de amores como ya sugiere Dumas, no aparece por ninguna parte, y a la pobre, primero el rey, después el ministro D y, por último, el mismo Dupin, la tienen en sus manos, la reina es rea, prisionera de quien guarda su texto, no por amor sino por envidia.

(…) trabajar con espacios existentes, reconfigurar esos espacios, introducir nuevos elementos. Confiar en que el contenedor, el programa y los usuarios puedan dar forma a la arquitectura. Imaginemos una membrana traslúcida que se modifica permitiendo nuevas relaciones entre los diferentes espacios. Así se define el vacío donde la dilatación comprensión y calidades tectónicas buscan dinamizar el espacio. La articulación de los espacios, el doblado de las dos dimensiones para crear la tercera y el uso de planos transparentes, translúcidos y sólidos son las ideas sobre las que gira la materalización del proyecto. Analizado el USO, buscamos que el espacio genere forma. El positivo de la construcción es el vacío. El negativo es la forma. El plano se dobla….

(…) Los estallidos de la vida señalando siempre las insuficiencias de cualquier construcción, es a lo que suelo referirme cuando hablo de la imposibilidad de construir un lugar perfecto, y a todo intento de lectura que inevitablemente lo es también de su ilegibilidad, pero es sumamente sugerente esa idea musical y poética de que siempre habrá un vacío que nosotros ocupamos con el nuestro. Lo construido requiere la mutación para adaptarse al cambio, y es así de forma no tan distinta como los invertebrados mudan su exoesqueleto cuando éste dificulta su crecimiento, aun cuando abandonadas y vacías las cáscaras de su límite, no tengan ya otro destino que la integración en el flujo de materia descomposición y reciclaje que llamamos vida. Así pues, la Itaca serena, el tránsito que en su relación con el no lugar de Marc Augé carecería de objeto si no fuese por los dos tiempos y lugares que delimita y enlaza es cuanto tenemos, te doy pues permiso para organizar como gustes el fichero de Juan Larrea Versión Celeste.
