ultramarina

No imaginéis  a Friedrich asomado como su héroe, a las cumbre y a sus nubes, flotando en la claridad por encima de toda espesura.

lectores

Imaginadle afrontando un verdadero vértigo, el bosque profundo y eterno de las interpretaciones, una de otra, otra de alguna anterior,  ella sometida a cualquiera futura, leyendo, con los ojos extraviados en la memoria abierta bajo los pies de cada signo, algo que se pierde en un viaje hacia atrás y luego hacia adelante, sin origen ni destino, eternamente.

Ese viajero sois vosotros, ese viajero somos  -y  es éste, la cultura nuestro bosque de cumbres.

A la memoria de Jose Luis Brea

8 comentarios

  1. El blanco y negro tiene una fuerza especial de la que carece el color. No es casualidad que el temor y el temblor los asociemos a aquellos. La misma foto en color perdería toda la fuerza de la que hace gala

  2. ¿Cómo se podría, dulcemente, representar a la muerte en esta tierra, se preguntaba el arquitecto Miguel Fisac.

    Tal vez como un atardecer, o más propiamente como un amanecer (MF.31 Enero 1998)

    Si no es casual que (JLB. 31 Agosto 2010) eligiera como imagen de sus Ültimos días el gran sol cegador con que Olafur Eliasson iluminó en el otoño de 2003 el vestíbulo de la Tate Modern de Londres para acompañar a su texto de 1992, tampoco lo es, esta otra imagen de un amanecer en blanco y negro de Ignacio Sáez para su exposición en Imatra : «Algunos de mis mejores amigos»

  3. Eso es el ideal, pero el morirse suele ser, casi siempre, algo desastroso, con bastante de cochambre, chusco y sin estilo.

  4. Recuerdo el título de un cuadro del pintor Mariano Royo, cuando se estaba muriendo «El morirse de repente».

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