Impliegues

jueves, mayo 7th, 2020

Separada del lugar y del tiempo en que apareció por vez primera, la imagen imanta todo el trayecto del rodeo que conduce del vacío al vacío; del vacío al contorno que determina el trayecto. Se trata de una circulación regulada que organiza un retorno del rodeo hacia el vacío. Es la carta desviada que nos ocupa aquella cuyo trayecto ha sido demorado.

Corresponde al filósofo  Gilles Deleuze  (1925/1995) la idea de que los procesos no pueden simplemente derivar de sus contextos, si no que al revés, deberían transformar sus contextos intelectuales y sociales, para ello define una cartografía que abarca todo el campo social y que ahora más que nunca cuando se pretende una reconstrucción de la sociedad entera, debería ser revisado, por más que por ahora digamos “Utopía” a todos aquellos programas más o menos articulados que traten de expresar las demandas de una nueva vida colectiva, identificando la colectividad como el centro crucial de toda respuesta verdaderamente  progresista e innovadora.

Parergón

miércoles, mayo 1st, 2019

Es en el espacio vacío que se abre en el interior del marco donde éste deja aparecer la obra y donde ésta puede ser reemplazada por otra que se desliza igualmente en el encuadre.

En este sentido, el encuadre es una estructura con fondo móvil, y en su dejar aparecer, no deja de espaciarse, se mueve entre el marco (su límite o rasgo interno propiamente dicho) y lo que permite ver, lo que hace aparecer en su contorno vacío. En ese sentido el passé-partout es también el marco que envuelve la obra y la determina.

Reflexión, Ficción

martes, junio 30th, 2015

Todo discurso reflexivo corre el riesgo, de devolver  la experiencia del afuera a la dimensión de la interioridad; irresistiblemente la reflexión tiende a reconciliarla con la consciencia y a desarrollarla en una descripción de lo vivido en la que el “afuera” se esbozaría como experiencia del cuerpo, del espacio, de los límites de la voluntad, de la presencia indeleble del otro.

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El vocabulario de la ficción es igualmente peligroso: en el espesor de las imágenes, a veces en la mera transparencia de las figuras más neutras o las más improvisadas, corre el riesgo de depositar significaciones preconcebidas, que, bajo la apariencia de un afuera imaginado, tejen de nuevo la vieja trama de la interioridad. De ahí la necesidad de reconvertir el lenguaje en reflexivo. Hay que dirigirlo no ya hacia una confirmación interior, sino más bien hacia extremos donde pueda ser refutado constantemente.

Marginales

jueves, mayo 7th, 2015

(…) Me enseñó algunos libros: Habitaciones abandonadas, 1966; Otros días, 1968;En la comarca interior, 1970; y también sacó de la trastienda Los ojos de un criado.

Los libros que me enseñó eran bonitos; los títulos claros como las primeras frases. Encargué El cochero y el pintor de heráldica y al cabo de dos días fui a recogerlo. Empecé a leer….

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“Desde el paseo, donde él vivía en una casa trasera, el cochero August Kandel se dirigía, el diecisiete de junio al anochecer, hacia las siete y media, al Palacio Nuevo. Escuchaba el sonido de las herraduras e intentaba adivinar quien podría ser el viajero que se hallaba a sus espaldas, con las piernas cruzadas y ligeramente inclinado hacia atrás, fumando un cigarro, que llevaba como único equipaje un maletín recamado con perlas de cristal pasado de moda desde hacía mucho tiempo y que hablaba quedamente consigo mismo….”

A medida que iba leyendo,adquiría un sentimiento infantil: como si todos los amigos desaparecidos se hallasen de nuevo en casa. Cuando el silencio nocturno tergiversaba otra vez los significados, leía simplemente con mayor precisión, palabra por palabra y las trascendencias desaparecían; el libro no me apartaba de ellas, sino que me daba fuerzas para superarlas; casi nunca me había sentido tan protegida.

Cuando amaneció ya había terminado la historia del cochero August Kandel, para quien el misterioso pintor de heráldica, sentado tras él en coche, significaba la otra vida. En la habitación, un sol de mañana invernal, amarillo intenso; el alivio; no olvidar nada, pensé. “Verderones abandonaban volando las ramas, se dilataba el cielo del atardecer y se hubiese sentido feliz si ahora hubiese sentido en él aquella sensación de extrañeza que le había acompañado toda su vida cuando hablaba con alguien”

Subjetil

sábado, diciembre 20th, 2014

Dentro de la Arquitectura, la tectónica aparece como una categoría mítica a través de la cual los aspectos táctiles que yacen en la experiencia de habitar facilitan un desenvolvimiento que se expresa en las construcciones. Subjetil es una palabra rescatada por Derrida (1930-2004) para la jerga de la pintura y la escultura que remitiría a un resto que no puede ser asimilado por ningún tipo de discurso.

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Lo más pequeño se convierte metonímicamente, en más grande que lo más grande que lo bordea y encuadra, la parte que se expande de adentro hacia afuera, la relación de la parte con el todo, es una palabra subjetil

Dar (el) tiempo

lunes, diciembre 5th, 2011

Con el verbo “dar” están emparentadas entre otras muchas la palabra “don”, sobre cuyas connotaciones casi mágicas escribió Marcel Mauss su “Ensayo sobre el don. Forma y razón del intercambio en las sociedades arcaicas” (1923-1924) que a su vez sirve de inspiración a Derrida para el libro “Dar(el)tiempo. I. La moneda falsa” (1995)

Me serviré de este libro de Jacques Derrida para completar la Biblioteca, cuyo inicio en Ultramarina en 2009 ahora concluye, sin de todos modos, pretender ser en ningún caso concluyente. La metáfora de estos ensayos es la moneda o tessera que al igual que el fragmento de una pequeña jarra sirviera como prenda de reconocimiento para reconstruir la vasija completa, al modo en que Mallarmé compara el uso común de la lengua con el intercambio de una moneda que pasa de mano en mano y cuya cara y cruz, aún gastadas retienen el valor de la tessera.

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Cada uno de los libros de la Biblioteca  está vinculado a una casa emblema de la Modernidad en el Residencial de Ultramarina, algunas como la de Juan Larrea y su Versión Celeste o la de Andreas el privilegiado protagonista de La leyenda del Santo Bebedor les corresponde nada más y nada menos que un reflejo metafísico del cosmos como inmunidad omnienvolvente, un lujo que solo los más pobres  y dichosos como ellos  se pueden permitir.

Pilar Blanco. Imatra-Bilbao

Del mismo modo que el grandioso espectáculo de la naturaleza ha significado todo tipo de cosas para los seres humanos aunque su naturaleza no sea (ni mucho menos) la de significar, así también las prácticas humanas significan para los hombres todo tipo de cosas (tanto para aquellos que las protagonizan como para los que las perciben) aunque su verdadera naturaleza tampoco sea la de significar sino la de construir burbujas habitables