Huellas

miércoles, mayo 23rd, 2018

Las propuestas sobre mobiliario presentadas por arquitectos del primer racionalismo como Stam, Gropius, Breuer, Mies o Le Corbusier resultaron manifiestos de la modernidad en los que predominaba la imagen sobre la funcionalidad. Piezas de características casi escultóricas, cuyo proceso de fabricación importaba poco que fuera complicado o caro, mientras el resultado no lo aparentase.

Conceptos como la ligereza, la facilidad constructiva o la ergonomía, se veían lastrados por una falta de adecuación de la tecnología a los procesos de diseño.

Tras la Segunda Guerra ya no se trata de crear modelos manifiesto, sino de resolver problemas reales de gran alcance utilizando una industria casi desaparecida y recurriendo a materiales fáciles de obtener y económicos.

El diseño deja de ser un lujo cultural y se extiende a toda la sociedad, no sin bastante resistencia por ambas partes. Nace un nuevo oficio equidistante entre la tecnología y el consumidor.