La flor de Coleridge

domingo, marzo 15th, 2020

Hacia 1938, Paul Valèry escribió: “La Historia de la Literatura no debería ser la historia de los autores y de los accidentes de su carrera, sino la historia del espíritu como productor o consumidor de literatura. Esa historia podría llevarse a término sin mencionar un solo escritor”. Veinte años antes, Shelley dictaminó que todos los poemas del pasado, del presente y del porvenir, son episodios o fragmentos de un solo poema infinito, erigido por todos los poetas del orbe (A Defense of Poetry 1821)

Esas consideraciones (implícitas desde luego en el panteísmo) permitirían un inacabable debate analizado por el gran Jorge Luis Borges en un poema de Coleridge que dice literalmente: “Si un hombre atravesara el Paraiso en un sueño, y le dieran una flor como prueba de que había estado allí, y si al despertar  encuentra esa flor en su mano…. entonces ¿Qué?”

Detrás de la invención de Coleridge está la general y antigua invención de las generaciones de amantes que pidieron como prenda una flor.

En el orden de la literatura, como en los otros de la vida,  no hay acto que no sea coronación “corona virus” de una infinita serie de causas y manantial de una infinita serie de efectos.

Más increíble que una flor celestial o que la flor de un sueño es la flor futura, la contradictoria flor cuyos átomos ahora ocupan otros lugares y no se combinaron aún, una vacuna para el “corona virus”

Cuento de navidad

viernes, diciembre 29th, 2017

Como en el hermoso cuento de Paúl Valèry donde se narra la noche de los animales, sucede a veces que juntas todas las especies, tanto las predadoras como las que van a ser devoradas descienden hacia el río para saciarse de agua y, después de haberse hartado, con el respeto que ese acto vital les inspira, el león, por ejemplo, al lado de la gacela hace una tregua.

La vida, que es la suma de los animales vivos, en un instante dado se dispone en torno al Rey Noche y se produce una pausa.

Constelaciones

lunes, mayo 26th, 2014

En julio de 1.897, Mallarmé y Valery, “oscuros fumadores” (“obscurs fumeurs”), se paseaban contemplando el cielo estrellado en el que se distinguían las constelaciones de Serpiente, Cisne, Águila, Lira…. Mallarmé ha intentado “elevar, por fin, una página a la potencia del cielo estrellado” (o.c. pág. 1.582)

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 Jean Perrin (1.870-1.942) pudo habérselo explicado a Mallarmé. O al revés: Perrin pudo haber leído Un coup de dés jamais n´abolira le Hasard. Sea de ello lo que fuere, Mallarmé y Perrin están siendo, moviéndose, viviendo, pensando y hablando -poética o matemáticamente- dentro de una concepción “probabilística” del universo. Dentro del dominio de Azar.